
Cita del Tratado de la Verdadera Devoción a la Santísima Virgen María San Luis María Grignion de Montfort)
El
demonio, como falso acuñador de moneda y ladrón astuto y experimentado, ha engañado y hecho caer ya a muchas almas por medio
de falsas devociones a la Santísima Virgen y cada día utiliza su experiencia diabólica para engañar a muchas otras, entreteniéndolas
y adormeciéndolas en el pecado, so pretexto de algunas oraciones mal recitadas y de algunas prácticas exteriores inspiradas
por él. Como un falsificador de moneda no falsifica ordinariamente sino el oro y la plata muy rara vez los otros metales,
porque no valen la pena, así el espíritu maligno no falsifica las otras devociones tanto como las de Jesús y María, la devoción
a la Santísima Comunión y la devoción a la Virgen, porque son entre las devociones, lo que el oro y la plata entre los metales. Debemos
de Conocer las falsas devociones para evitarlas y las verdaderas para abrazarlas. Falsa devociones: Los devotos exteriores...Se
inscriben en todas las cofradías marianas, pero sin enmendar su vida, sin vencer sus pasiones, ni imitar las virtudes de la
Santísima Virgen.... Los devotos presuntuosos son pecadores aletargados en sus pasiones o amigos de lo mundano. Bajo
el hermoso nombre de cristianos y devotos de la Santísima Virgen, esconden el orgullo, la avaricia, la lujuria, la embriaguez,
el perjurio, la maledicencia o la injusticia, etc.; duermen en sus costumbres perversas, sin hacerse mucha violencia para
corregirse, confiados en que son devotos de la Santísima Virgen; se prometen a sí mismos que Dios les perdonará, que no morirán
sin confesión ni se condenarán, porque rezan el Rosario, ayunan los sábados, pertenecen a la cofradía del santo Rosario, a
la del escapulario u otras congregaciones, llevan el hábito o la cadenilla de la Santísima Virgen, etc. Cuando se les dice
que su devoción no es sino ilusión diabólica y perniciosa presunción, capaz de llevarlos a la ruina, se resisten a creerlo.
Responden que Dios es bondad y misericordia; que no nos han creado para la perdición; que no hay hombre que no peque; que
basta un buen “¡Señor, pequé!” a la hora de la muerte. ... Nada, en el cristianismo, es tan perjudicial a las
gentes como esta presunción diabólica. Porque, ¿cómo puede alguien decir con verdad que ama y honra a la Santísima Virgen,
mientras con sus pecados hiere, traspasa, crucifica y ultraja despiadadamente a Jesucristo, su Hijo? Si María se obligara
a salvar por su misericordia a esta clase de personas, ¡autorizaría el pecado y ayudaría a crucificar a su Hijo! Y esto, ¿quién
osaría siquiera pensarlo? Protesto que abusar así de la devoción a la Santísima Virgen, devoción que después de la que
se tiene al Señor en el Santísimo Sacramento es la más santa y sólida de todas, constituye un horrible sacrilegio: el mayor
y menos digno de perdón después de la comunión sacrílega.
LA VERDADERA DEVOCIÓN A LA SANTÍSIMA VIRGEN ES: 1º)
Interior. 2º) Llena de confianza 3º)
Santa. (Es decir, te lleva a evitar el pecado e imitar las virtudes de la Santísima
Virgen). 4º) Constante. (Te consolida en el bien.) 5º) Desinteresada (Es decir, te inspirará no buscarte a ti mismo, sino sólo a Dios es su Santísima Madre).
Sermón de San Juan Bosco acerca de la Virgen María: Sabiendo que la Madre de Dios os
ama tanto, escuchad con atención lo que os voy a decir: “Si
queremos gracias y favores recurramos a María, recemos a María;
pero para que Ella interceda por nosotros es necesario demostrarle nuestra verdadera devoción en tres cosas: a. Evitar a toda costa el pecado
y procurar mantenerlo siempre alejado de nosotros. Nada hay que
nos pueda hacer más daño y que disguste más a Nuestra Señora y a su Santísimo
Hijo, que el pecado. Había un joven que ofrecía a la Virgen, oraciones, obras buenas
y limosnas, pero no se apartaba de ciertos pecados. Y una noche vio en un sueño
que la Virgen Santísima se le aparecía y le presentaba una bandeja con las más bellas
y atrayentes frutas: manzanas, uvas, peras, etc., Pero todas cubiertas con el sucio
trapo con el que se había limpiado las llagas un enfermo. La Virgen decía: “Recibe
las frutas y come”. Pero el joven contestó: - “Señora las frutas son
muy hermosas, pero
el trapo con que están cubiertas es tan asqueroso, que no me atrevo a recibir esas frutas
porque me vomitaría”. Entonces la Reina del Cielo le respondió: - “Así son las
ofrendas y oraciones que tú me ofreces: muy bellas y atrayentes,
pero vienen todas cubiertas con un trapo horrible: esos pecados
que sigues cometiendo y que no quieres dejar de cometer”. Al
día siguiente el joven se despertó muy preocupado por este sueño, pero desde ese
mismo día dejó las ocasiones de pecar y abandonó definitivamente esos pecados que
tan antipática hacían su vida ante Nuestro Señor. La segunda condición para que nuestra devoción a la Virgen sea verdadera
es IMITARLA EN SUS VIRTUDES, especialmente en su gran caridad y en su gran pureza. Una devoción a María que no consiga un mejoramiento en nuestra vida no es verdadera devoción. Si rezamos a la Virgen y seguimos en nuestros
pecados como antes, puede ser que nuestra devoción Sea falsa. El verdadero devoto a Nuestra
Señora la imita a Ella en su amor al prójimo. “María,
dice la Biblia, fue corriendo a ayudar a Isabel”. Fue corriendo
porque los favor es hay que hacerlos pronto sin hacerse del rogar.
Las personas más devotas de María son siempre las que tratan con más caridad y generosidad
a los demás. Y hay una tercera condición
para que nuestra devoción a la Reina Celestial sea verdadera: demostrarle con acciones externas,
pequeñas pero frecuentes,
el gran amor que le tenemos. Por ejemplo, llevar siempre su medalla y besar esa imagen de
la Virgen al levantarse o al acostarse. Tener
su estampa en el pupitre o mesa de trabajo para acordarse de Ella e invocarla. Colocar un bello cuadro de la Madre de Dios en nuestra habitación. Adornar
las imágenes de la Virgen en el mes de mayo. Ofrecer por Ella alguna pequeña mortificación o alguna obra buena o una pequeña limosna los sábados o en las fiestas marianas, etc. Narrar a otros los favores que María
Auxiliadora ha hecho a sus devotos (la genuina devoción a
la Virgen es prendediza, es contagiosa. Los que la aman le prenden
a otros esta devoción). Repartir estampas o imágenes de Nuestra Señora, etc. Ella nos dice: “SI TU HACES ALGO POR MI, YO HARE MUCHO POR TI” Estad
seguros de que todas las gracias que pidáis a esta buena Madre os
serán concedidas. PERO HAY TRES GRACIAS QUE RECOMIENDO PEDIRLE A ELLA TODOS LOS DIAS, sin
cansarnos nunca de pedirlas porque son importantísimas para vuestra
salvación: 1. Evitar siempre el pecado mortal y conservar la gracia de Dios. 2. Huir siempre de toda amistad
dañosa para el alma. 3. Conservar siempre
la bella virtud de la castidad.
|